Después un dÃa muy largo y intenso en Toledo llegamos tarde a Cuenca. Mi padre estaba tan cansado, que solo querÃa dormir, por eso fuimos con mi madre a ver la procesión. Las calles estaban repletas y sentÃamos extraordinario. La gente estaba esperando a la procesión, en que participaban las familias.
Cuando vi un niño con su padre, no podÃa parar de mirar a ellos. Los sentimientos en la mirada del joven decÃan mas que las palabras. Yo querÃa estar más cerca, ver, escuchar y saber más.
El chico acompañaba a su padre en la procesión cogiendo su mano. No pensaba sobre los otros. No le preocupaba nada. Pero, de repente, su rostro cambió y podÃa ver la sorpresa.
Su padre probablemente le dijo algo, con que no estaba de acuerdo. Pero el niño sigo cogiendo su mano.
Después algunos minutos la cara del jovencito cambió y otra vez podÃa ver la sonrisa y cariño.
En poco tiempo apareció la madre y toda la familia junto se fue. QuerÃa seguirlos, pero no podÃa. Estaba en la escalera mirando a ¨mi familia¨ como se alejaba.
No voy a olvidar nunca estos emociones que me acompañaron en este momento. Sentà como un espectador en el cine mirando una pelÃcula magnifica.
















